A raíz de la lectura en los blogs del trabajo de mis compañeros con los diferentes alumnos con necesidades educativas especiales, hoy voy a hablar de mi experiencia con los alumnos autistas de mi Centro, que posee un aula permanente de autismo.
Encontramos niños autistas en casi todas las clases, pero yo he trabajado de forma más específica con los de cuarto y de sexto. Para mí ha sido muy útil la ayuda y la información que me ha aportado Juanjo, que es quien realmente se ocupa de ellos. Juanjo es un PT, y está con ellos varias horas cada día, trabajando normas, rutinas, conceptos básicos, habilidades sociales, etc.
Como sabemos, para estos niños es fundamental tener unas rutinas y unas normas muy bien definidas y estructuradas, de manera que siempre sepan qué va a pasar después; dejarlos hacer lo que quieran, o alterarles sus rutinas puede ocasionarles gran ansiedad y puede llevar incluso a que se autolesionen; por eso todo con ellos es tremendamente repetitivo.
Como se trata de un colectivo de alumnos que me llaman la atención, le estuve preguntando al PT acerca de estos niños, sus comportamientos, las rutinas a las que respondían mejor, las fórmulas que daban mejores resultados para comunicarse con ellos, etc. El PT me comentó que estos niños no asistían a todas las sesiones de EF porque en ellas se aburrían, no entendían qué había que hacer y el profesor no le seguía todo lo que ellos necesitan.
También le pregunté al maestro-tutor sobre las adaptaciones curriculares de los alumnos, y podéis imaginar mi sorpresa cuando me dijo que él no tenía adaptaciones curriculares de nadie.
La verdad es que, en el desarrollo de las sesiones durante la semana de observación, pude ver que no se tomaba ninguna medida especial de atención a estos niños (las pocas veces que los vi bajar a hacer E.F.), así que, cuando el maestro-tutor me fue dejando participar un poco en el desarrollo de las clases y cuando ya di yo las clases me volqué con ellos para darles la posibilidad de disfrutar algo más de las sesiones de EF. La experiencia dio buen resultado, pues Juanjo decía que los niños le contaban que se lo habían pasado bien y que “habían sido buenos”.
Por mi parte, decir que también para mí fue enriquecedor, porque tenía, quizás, unos preconceptos que se demostraron falsos: me sorprendió la coordinación que tenían, a pesar de que incluso el PT había insistido sobre el hecho de que la coordinación era una de las cosas de las que estaban más carentes. También me llamó la atención su interés, pues se portaban bien y prestaban atención a las explicaciones, como con ganas de participar.
En mi actuación con ellos intenté seguir algunas pautas, como, por ejemplo, situarme siempre en el mismo sitio de la pista para dar las explicaciones, ponerlos a mi lado mientras explicaba, preguntarles directamente si habían entendido qué había que hacer, ayudarles en la realización del ejercicio-al principio, si hacía falta-, integrarlos en grupos de niños dentro del grupo–clase que puedan y sepan ayudarles, que les dejaran participar en los juegos en grupo, etc.
Intenté, por tanto, a través de los juegos, trabajar el desarrollo de sus habilidades sociales o socioafectivas. Juanjo, el PT, me ha felicitado y ha notado un cambio, una mejoría en los niños y en su disposición hacia la EF; sólo espera que eso no se pierda, y que el maestro pase a prestarles algo más de atención ahora que parecen más motivados. Yo también lo espero...
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